¿PODEMOS CONSIDERAR A LA PRESION DEL PULSO, COMO UN NUEVO FACTOR DE RIESGO?
Dr.Antoni Vicent i Casanova
antoniv@ono.es
Av.Primado Reig nº 42 pta 4
46009 Valencia
NIF 22601946F
La hipertensión arterial es uno de los factores de riesgo más
importantes de enfermedad cardiovascular, incluyendo angina, infarto de miocardio,
accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca y enfermedad arterial periférica
(1). Históricamente, a la elevación de la presión arterial
diastólica se le confería una mayor importancia como factor de
riesgo que a la elevación de la presión arterial sistólica,
lo cual resultaba en que todas las tablas de clasificación y tratamiento
se hacia un mayor énfasis en tratar la presión arterial diastólica
(2-5). Sin embargo, una serie de evidencias surgidas de estudios epidemiológicos,
indican que la elevación de la presión arterial sistólica
es un factor tan importante al menos, que la presión arterial diastólica
(6-8).
Recientemente con la publicación del estudio realizado por el Grupo de
Framingham (9), en personas mayores de 50 años, en el que se ha encontrado
una relación entre la elevación de la presión arterial
sistólica, diastólica y la presión del pulso con la mortalidad
cardiovascular, siendo esta más estrecha con la presión del pulso;
ha ocasionado que en la comunidad científica surjan una serie de cuestiones
relativas a la importancia de la PP como factor de riesgo, entre ellas: ¿Si
se ha observado estos mismos hallazgos en estudios con cohortes similares? ,
¿ Que mecanismos estarían implicados? y probablemente la más
importante: ¿Que suponen estos hallazgos en el manejo de los pacientes
hipertensos en la práctica clínica diaria?.
Perspectivas
Si bien durante los años sesenta y durante los ochenta los estudios de
intervención utilizaban como criterio de severidad de la hipertensión
arterial la presión arterial diastólica, es a partir del Estudio
de Framingham en el año 1971, cuando la presión arterial sistólica
adquiere una mayor importancia a la hora de valorar el riesgo cardiovascular.
Siendo durante los últimos 30 años el grupo de Framingham el que
al observar una mayor asociación entre la presión arterial sistólica
y los accidentes cardiovasculares (6,10), ha utilizado la presión arterial
sistólica y no la diastólica en sus tablas predictivas. En el
Systolic Hypertensión in the Elderly Program (SHEP) (11) claramente se
demostró la eficacia de tratar la Hipertensión Sistólica
aislada en pacientes ancianos, observándose una reducción significativa
en el numero de infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia
cardiaca. En un subestudio realizado con la población del estudio SHEP,
se observo que el aumento de la presión del pulso era un factor predictivo
indpendendiente de estenosis carotidea (12). Los citados hallazgos fueron confirmados
por el British Medical Research Council Study (13) y el Swedish Trial in Old
Patients (14), estudios realizados en pacientes ancianos con hipertensión
sistólica aislada. Darne et al observaron que la presión del pulso
añade un mayor riesgo a aquellos pacientes con presión arterial
diastólica y/o media elevadas, al menos con respecto a los accidentes
cerebrovasculares (15). Posteriormente en una serie de estudios longitudinales
y transversales se observo una relación entre la presión del pulso
y eventos cardiovasculares (16-19). Uno de los más recientes con cerca
de 20.000 inicialmente Parisinos sanos, se pudo observar una relación
entre la presión del pulso y las tasas de mortalidad para personas tanto
con presión arterial normal ( 19) como con presión arterial sistólica
elevada (17).
Mecanismo
La presión del pulso elevada provoca un alargamiento de la pared arterial
lo cual induce fatiga, provocando la fractura de los elementos elásticos
de la pared arterial( 18), lo que puede facilitar la ruptura de aneurismas y
la lesión de la intima, favoreciendo el desarrollo del proceso ateroesclerortico
y la aparición de trombosis arterial (18). Por otra parte una presión
elevada durante la sístole favorece la aparición de hipertrofia
ventricular izquierda, predispone al fallo del ventrículo izquierdo y
a su vez incrementa las necesidades de oxigeno en el miocardio, mientras que
unos valores absolutos o relativamente bajos durante el periodo diastólico
son a su vez un factor limitante para la perfusión coronaria predisponiendo
a la isquemia, especialmente cuando existe dicha hipertrofia ventricular izquierda,
dado que el periodo de perfusión diastólico está acortado
(18) .
Una presión del pulso elevada se observa como una manifestación
de la rigidez arterial, dicha rigidez aumenta la impedancia aortica y disminuye
la compliance arterial, lo cual ocasiona un aumento de la presión arterial
sistólica y de la presión del pulso así como una disminución
de la presión arterial diastólica. A su vez el aumento de la rigidez
arterial ocasiona un aumento de la velocidad de la onda del pulso. Cuanto mayor
es la velocidad de la onda del pulso, esto origina que la onda de presión
refleja vuelve precozmente a la aorta central al final del periodo sistólico
lo que conlleva un aumento de la presión del pulso. Debido a esta relación,
se por lo utiliza la presión del pulso como un índice de la rigidez
aortica ( 16).
Otro factor mecánico cuya relevancia debería ser valorada, es
la diferencia en la presión arterial sistólica y presión
del pulso entre la aorta y las arterias de los miembros superiores donde la
presión arterial se mide en la clínica. Existe una pequeña
diferencia entre la presión arterial media y diastólica entre
la arterial central y periféricas (19), pero en adultos jóvenes
la presión del pulso a nivel braquial puede ser un 50% mayor que en la
aorta y la presión arterial sistólica puede ser de 10 a 20 mmHg
mayor que en la aorta ( 18-20). En ancianos e hipertensos estas diferencias
son pequeñas (18). En el estudio NHANES (23) se pudo observar un progresivo
descenso en la presión del pulso entre adolescentes y personas con edad
media, a pesar de la existencia de un aumento de la rigidez arterial en este
grupo de edad. El citado fenómeno solo podría ser explicado en
base de los cambios en la amplificación del pulso entre la aorta central
y la arteria braquial(18). Esto nos puede confundir a la hora de valorar la
presión del pulso en personas menores de 40 años.
Clínica
Los resultados tanto del estudio SHEP como del realizado por el grupo de Framingham
como en el resto de estudios, realmente que suponen para la practica clínica
diaria?. En el estudio de Framingham los pacientes eran personas mayores de
50 años, en dichos pacientes así como en las personas ancianas,
los valores de presión arterial sistólica son todos ellos importantes
y en principio deben de tratarse en base a los mismos, como se ha demostrado
claramente en diversos estudios como el Syst.-Eur (21), SHEP (11), y en los
otros estudios. Por otra parte el valor de la presión arterial diastólica
que información adicional nos proporciona?. En función de la información
que actualmente poseemos, un paciente con una presión arterial de 160/70
mmHg tiene mayor riesgo que otro paciente con presiones arteriales de 160/90
mmHg, debiendo por supuesto que ser ambos tratados, pero en cual de los dos
vamos a obtener un mayor beneficio, hoy por hoy no lo sabemos, es necesario
la realización de ensayos clínicos en pacientes con presión
del pulso elevada con diferentes niveles de la presión arterial diastólica,
para poder confirmar los datos de todos estos estudios previos.
Siguiendo con el análisis de estos estudios, expongamos dos ejemplos
relativos a pacientes hipertensos, uno de ellos es un joven con unas cifras
de presión arterial de 182/120 mmHg y una presión del pulso de
62 mmHg. , mediante tratamiento antihipertensivo conseguimos reducir las cifras
a 144/60 mmHg (presión del pulso de 84 mmHg.),en función de los
resultados de los estudios dicho paciente tendría un riesgo aumentado.
Sigamos con otro ejemplo con un paciente anciano con una hipertensión
arterial sistólica aislada, cuyas cifras iniciales son de 192/86 mmHg
(presión del pulso106 mmHg), cuyo riesgo seria mayor que el del anterior
paciente con hipertensión diastólica severa. Posteriormente conseguimos
reducir sus cifras de presión arterial a 140/76 mmHg (presión
del pulso 64mmHg); pero esta mejora en el riesgo para este paciente es la misma
que para el anterior, y en ambos casos los riesgos son comparables?. Por lo
tanto la realización de estudios prospectivos comparando estos dos grupos
de pacientes, seria necesario por un parte para poder verificar los resultados
obtenidos previamente y por otra parte para clarificar una serie de cuestiones
que surgen al analizar todos estos datos y que evidentemente son necesarias
para el mejor cuidado de los pacientes hipertensos.
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