La fibromialgia es un conjunto de síntomas, entre los cuales predominan los dolores musculares, secundarios a un trastorno psíquico, generalmente leve.
A pesar de haber sufrido una evolución considerable, sigue siendo una enfermedad
poco conocida, discutiéndose todavía su etiología, su definición, e incluso
sus criterios diagnósticos .
Tal vez la causa por la que ha estado indefinida durante muchos años, haya sido
por la cantidad de sinónimos por los que se designa esta enfermedad, como son:
fibrositis, fibromiositis, fibromialgia, miofascialgia, miofascitis, miositis
por tensión, algia miotensiva, síndrome miofascial, síndrome miálgico tensional,
reumatismo psicógeno, y últimamente también, tenomiopatía generalizada.
En cualquier caso, se han establecido unos criterios diagnósticos para poder
acuñar el término de FIBROMIALGIA.
Los criterios diagnósticos son: a) hallazgo de unos puntos determinados, dolorosos
a la presión. b) normalidad de las exploraciones complementarias. c) haber descartado
una serie de enfermedades que se manifiestan también en forma de dolor más o
menos generalizado.
La frecuencia con que se presenta la fibromialgia, se evidencia en que hace más de cuarenta años, en la Clínica Mayo de EEUU, se diagnosticaba un síndrome muy similar con el nombre de mialgia tensional, con más de 600 pacientes tratados en un año.
En estudios epidemiológicos actuales, se ha encontrado una prevalencia que
varía desde un 5% de los pacientes que acuden a un médico general, hasta un
17% de los que consultan a un reumatólogo.
La fibromialgia es abrumadoramente más frecuente en la mujer, y la edad entre
los 20 y 55 años.
Las pruebas radiológicas y de laboratorio pueden ser normales, cuando no existe
una enfermedad concomitante.
Diversos autores señalan la existencia de problemas psicógenos del enfermo,
con manifestaciones de trastornos del sueño, cefaleas, colon o vejiga irritable
e hipersensibilidad a los cambios de temperatura, la humedad y el estrés.
En nuestra experiencia, consideramos la fibromialgia y sus sinónimos, como
un síndrome polimiálgico, con alteración del tejido muscular y tejido conjuntivo
circundante, producido por causas químico-físicas de acción mantenida, que producirían
contractura, espasmo y dolor.
La causa primaria estaría en la afección de un ligamento, cápsula, membrana
sinovial, tendones, o cartílago, de una articulación próxima relacionada, que
actúa como “punto gatillo” y cuyos impulsos nociceptivos llevarían los neurotransmisores
hasta los algoceptores intramusculares o “zonas diana”
Cuando existe un área hipersensibilizada, las fibras musculares responden también
a otros estímulos extraños, procedentes de otras fibras nerviosas.
La fibromialgia suele ser un proceso crónico y fácilmente confundible con otros
procesos osteoarticulares, puesto que además de tener algunos síntomas comunes,
parece guardar una relación causal con aquellos.
A nivel experimental, se han detectado algunas alteraciones del sistema nervioso
central que clínicamente podrían traducirse en un aumento de la sensibilidad
al dolor y otros dos síntomas que suelen acompañar a estos pacientes, que son
la alteración del sueño y la depresión.
Hay que comprender que los trastornos del sueño incrementan los problemas psicógenos
y las contracturas de estos enfermos, que no pueden llevar a cabo una actividad
normal, y si además consideramos que casi el 80% de la población que sufre esta
enfermedad son mujeres, cuya actividad doméstica no cesa, entenderemos por qué
se dice que estos enfermos son muy resistentes a la terapéutica.
Es muy frecuente encontrar en estos pacientes una larga historia de dolor crónico, con múltiples consultas y diagnósticos que evidencian la limitación del arsenal terapéutico
El tratamiento del síndrome fibromiálgico requiere un planteamiento distinto
del resto de las enfermedades reumáticas.
El etiquetado habitual de estos enfermos como psicóticos, ha motivado que a
los miorrelajantes usuales, se le añadan reguladores del sueño o del tono psíquico;
pero aún se discute si los trastornos psicológicos son intrínsecos de la enfermedad
o son adquiridos por el paciente en busca de una mayor atención médica, magnificando
su sintomatología.
De las múltiples medicaciones utilizadas en la fibromialgia, los antidepresivos
tricíclicos como amitriptilina, imipramina o ciclobenzaprina, utilizados en
dosis más bajas que en el síndrome depresivo convencional, son los que han demostrado
ser más efectivos en estudios controlados.
Estos agentes actuarían a través de un mecanismo central, aumentando el nivel
de serotonina, ya que se sabe que el descenso de serotonina aumenta la sensibilidad
al dolor, y también por un mecanismo periférico como relajantes musculares.
Algo en lo que todos están de acuerdo es que son enfermos que precisan de una
atención especial y una mayor comprensión, tanto por parte facultativa como
por parte familiar, y desafortunadamente en el contexto de las interrelaciones
sociales, hoy por hoy, ni siquiera se invierte en tiempo para escucharlos.
En nuestra experiencia, además de cualquier tratamiento químico adecuado, la
terapéutica física es la base de la recuperación del paciente.
No hay que olvidar que la fisioterapia utiliza agentes analgésicos (calor, frío,
ultrasonidos etc.) agentes relajantes (masoterapia, estiramientos etc.) agentes
estimulantes (electroterapia, láser etc. ) y que el fisioterapeuta dirige la
reeducación muscular y en su caso, la correcta posición de la columna, adaptando
el tratamiento en función de la respuesta personal del paciente.
Esta estrecha relación entre el paciente y el terapeuta, que a menudo suele ser prolongada, facilita el seguimiento y evolución de la enfermedad, aliviando sus alteraciones psicológica, facilitando la correcta liberación de los neurotransmisores con lo cual el paciente se encuentra mejorado y dispuesto a reemprender una vida normal, tanto doméstica como laboral.