HEPATITIS C Y ACTIVIDAD LABORAL

Estamos asistiendo a un fenómeno sanitario capaz de conmocionar al gran público, dando pie a situaciones que, aunque no exentas de inquietud, no pueden caer en el histerismo. Hemos oído estos días cosas absolutamente disparatadas y otras, cuando menos, dudosas. Quisiera aprovechar estas líneas para clarificar, en la medida de los conocimientos actuales, cual es la realidad de la hepatitis C como riesgo profesional y como elemento de riesgo social.

En primer lugar, no existe ninguna duda de que el profesional sanitario que adopte las normales precauciones que deben aplicarse siempre, y que todos debemos conocer, nunca podrá ser causa de transmisión de hepatitis C a ningún paciente.

Sin embargo, el riesgo ocupacional para el profesional sanitario, aunque no alcanza las proporciones al de la hepatitis B, se admite como una realidad. Sabemos que hay estudios que demuestran que hay trabajadores inoculados accidentalmente que presentaron seroconversión, y con los datos de que disponemos, se puede afirmar que las inoculaciones accidentales comportan un riesgo de un 5 %.

Respecto a la infección nosocomial, aunque continúa debatiéndose, parece que existen evidencias de que, en situaciones como una desinfección inadecuada, la contaminación de equipos compartidos entre enfermos y ciertas prácticas podrían favorecer la transmisión del VHC; cuestiones todas ellas que sólo aparecen cuando, manifiestamente, se vulneran los principios básicos de esterilización y asepsia, no siendo imputables los contagios a situaciones desconocidas de resistencia del virus.

Por lo tanto, y desde la instauración del screening para el VHC en los bancos de sangre, no parece razonable que exista, con una buena praxis profesional, riesgo significativo para ningún paciente atendido en un centro sanitario.

Por otra parte, la hepatitis C es una enfermedad bastante extendida, con un índice de prevalencia variable según países, apareciendo tasas muy bajas en países como EEUU donde afecta al 0.1 % de la población, frente a tasas eleva-das como la de España donde afecta al 2-3 % de la población, lo cual significa que en nuestro país existen, aproximadamente, 800.000 personas infectadas por el VHC. Y como dato más concreto, alrededor de 80.000 personas estarían afectadas en la Comunidad Valenciana, de las que 40.000 vivirían en Valencia.

De todo esto se deduce que no podemos dar una voz de alarma social sobredimensionada ante la presencia de nuevos hallazgos de portadores en una búsqueda masiva, y sin que ello signifique un conformismo resignado, tampoco debe ser fuente de histeria colectiva. Existe, además, la posibilidad de identificar a través del estudio del genotipo del virus, si un brote epidémico puede corresponderse con un foco, ya que existen cinco tipos de genotipos diferentes del VHC (1a, 1b, 2a, 2b y 3a), siendo en España el genotipo 1b el más frecuente.

Por último, me parece importante recordar cual debe ser nuestra actuación si en el desarrollo de nuestra actividad laboral diagnosticamos un caso de hepatitis C, ya que una de las grandes controversias que se han producido últimamente ha girado alrededor de la comunicación de estos casos a la autoridad sanitaria. La hepatitis C es una enfermedad de declaración obligatoria, por lo que, ante un nuevo caso diagnosticado, debemos comunicarlo inmediatamente a la autoridad sanitaria. Para ello utilizaremos el impreso de enfermedades de declaración obligatoria que podemos conseguir en cualquier centro de salud de nuestra comunidad, que cumplimentaremos y remitiremos al Servicio de Epidemiología de la Consellería de Sanidad y Con-sumo (Dirección General de Salud Pública) para que se realice la correspondiente encuesta epidemiológica.

Creemos que no es momento de generar más confusiones y todo parece indicar que, con una práctica sanitaria correcta en su sentido tradicional, sin nuevas medidas, supuestamente revolucionarias, puede evitarse con suficientes garantías el contagio a pacientes. Pero, sin embargo, aunque no sea un riesgo de alto índice, es, precisamente, el personal sanitario el que puede resultar contaminado por el virus de la hepatitis C en un acto laboral, siendo, por tanto, un riesgo biologico susceptible de generar una enfermedad profesional en el personal sanitario.