Dr. D. Juan José Díaz Franco. Presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad de Medicina del Trabajo.
El trabajo como fenómeno social abarca una doble función: fabricar determinados productos y generar relaciones sociales. Según esto, las definiciones del trabajo son variadas y revelan la relevancia que tiene en la organización de la sociedad. Tales definiciones van desde la consideración del trabajo como una nueva técnica hasta la que lo cataloga como una actividad de la sociedad, pasando por el punto de vista que sitúa al trabajo como un fenómeno social.
Una vez estudiadas las definiciones de trabajo y analizados los problemas que surgen cuando se trata de asignarle un lugar preciso entre las ciencias sociales, podría asumirse esta definición de la sociología del trabajo: valoración y evaluación de los diferentes aspectos de las colectividades humanas que se constituyen con ocasión del trabajo.
Las motivaciones de la sociología del trabajo responden a diferentes intereses, pero a nosotros nos interesa la que se orienta a la consideración del trabajo como técnica y fuente de motivación que nace del descubrimiento de la importancia de los sentimientos como determinantes de la acción de los individuos y de los grupos.
Están en juego las relaciones de la persona con el trabajo, pero también la organización del trabajo y los conflictos que genera.
La organización del trabajo nos obliga a considerar que, directamente relacionados con la seguridad y la salud en el trabajo, se encuentran factores de riesgo tales como el tipo de jornada de trabajo, la automatización de procesos mediante nuevas tecnologías, la comunicación de los mandos con los trabajadores y de éstos entre sí, los estilos de dirección y liderazgo o la participación real que tiene en las políticas empresariales y en el establecimiento de condiciones de trabajo. A todo este conjunto de factores, que entrañan un riesgo potencial, se agrupa bajo el epígrafe de organización de trabajo.
En la historia reciente, los avatares de la organización de trabajo nos permiten hacer una breve relación de las tensiones que se han producido entre los planificadores de la organización laboral y las consecuencias de sus calculados intentos de obtener ciertas ventajas de parte, generalmente beneficiadoras de los intereses de quien ostenta (y, muchas veces detenta) los medios de producción.
Suele tomarse, convencionalmente, como punto de partida del fervor organizacional la sistemática propuesta por F. W. Taylor cristalizada en su teoría de la organización científica del trabajo; una vez fracasada ésta, la teoría de las relaciones humanas en el trabajo, acuñada como sustitución progresista por E. Mayo, entre otros, contempla un cierto avance en la estimación del papel de los trabajadores en la empresa, reconociendo su capacidad planificadora y no meramente ejecutora y primada únicamente por incentivos económicos. En cualquier caso serán las más recientes teorías organizativas en el medio laboral, que centran la autoestima del trabajador en el conocimiento y adhesión a la tarea, las que abran una línea de avance para la dignificación de las personas en sus cometidos laborales.
Los riesgos psicosociales pueden considerarse como condiciones presentes en determinadas situaciones, directamente relacionadas con la organización, el contenido del trabajo y la realización de la tarea, capaces de afectar tanto al desarrollo laboral como a la salud (física, psíquica o social) del trabajador.
Las variables más significativas en la identificación de situaciones de riesgo psicosocial son las referidas a:
" Participación, implicación, responsabilidad.
" Formación, información, comunicación.
" Gestión del tiempo.
" Cohesión de grupo.
" Sobrecarga psicológica ("burn-out").
" Hostigamiento psicológico ("mobbing").
De manera más pormenorizada, sería oportuno considerar una serie de condicionantes del trabajo vinculados a insatisfacciones relativas a las condiciones del medio físico e instrumental del trabajo y a insatisfacciones que hacen referencia a las relaciones humanas. Entre las primeras, los riesgos de seguridad, higiénicos y ergonómicos que a menudo asumen los trabajadores sin crítica; también las muchas situaciones laborales indeseables que ignoran la fatigabilidad, la monotonía o la turnicidad. Entre las segundas, podría mencionarse una larga lista entre las que se encuentran:
" Injusticias e incumplimiento de promesas.
" Falta de seguridad en el empleo.
" Desconfianza en el rendimiento o capacidad.
" Jefaturas inadecuadas o incapaces.
" Disciplina mal concebida.
" Cambios frecuentes de puesto de trabajo o cometido.
" Desproporción entre el cometido laboral y el valor personal.
" Limitación del horizonte profesional.
" Política de salarios.
" Falta de información.
" Inadaptación personal.
En una consideración más positiva pueden invocarse algunas funciones socio-psicológicas del empleo:
" Estructuración temporal de los días.
" Aumento de las relaciones sociales.
" Sensación de tener un objetivo.
" Conservación de fines a través de la identificación con el trabajo en un ambiente de grupo.
" Asignación de un estatus social.
" Clasificación de la actividad personal.
" Dedicación a una actividad regular.
En cuanto a los motivos para la intervención psicosociológica pueden citarse:
" Búsqueda y análisis de los fines colectivos.
" Conocimiento de los conflictos y avance en su posible solución.
" Mejora de las comunicaciones internas.