En el estudio participaron cerca de 3.000 mujeres de más de 35 años entre abril de 1994 y septiembre de 1997. A estas mujeres se les pidió que participaran en un estudio en el que se realizaría una prueba de VPH y una citología adicional cuando acudían a sus consultas médicas para una citología cervical de revisión. Se excluyó a las mujeres tratadas previamente por neoplasia intraepitelial cervical, cambios en las células del cérvix que pueden convertirse en cancerosas, o que habían experimentado alguna anomalía cervical en los tres años anteriores.
Todas las participantes fueron seguidas durante el estudio. Aquellas a las que se indicó un examen más exhaustivo del cérvix recibieron un seguimiento extra para determinar sus resultados clínicos.
Los resultados mostraron que el riesgo de desarrollar anomalías cervicales a los 1, 5 y 9 años después de la prueba citológica normal era de un 0,33%, 0,83% y 2,20% respectivamente, con las menores probabilidades después de una prueba negativa de VPH en el 0,19%, el 0,42% y el 1,88%.
Según explica el Dr. Jack Cuzick, director del estudio, "la investigación no sólo confirma que la prueba del VPH detecta más anomalías sino que muestra que este método ofrece a las mujeres una excelente protección frente a las anomalías cervicales durante al menos 6 años después de una prueba negativa en comparación con la protección que otorga la citología normal que comienza a declina después de los tres años. Esto sugiere que el intervalo de detección se puede extender al menos a 6 años con las pruebas de VPH".
El Dr. Cuzick señala
que estos datos proporcionan más apoyo para reemplazar los análisis
basados en células anormales con unas pruebas más sensibles basadas
en el estudio del virus del papiloma humano.
International Journal of Cancer
2008;122:2294-2300
El Alc-index es muy específico
para el alcoholismo crónico
Los biomarcadores (de reincidencia,
de estado o de consumo peligroso) constituyen la prueba más objetiva para
establecer la condición de alcoholismo. Así se ha puesto de relieve
en el XV Simposio de la Sociedad Española de Psiquiatría Forense,
celebrado en Salamanca.
B. Peñalba Salamanca 30/04/2008
Gracias
al desarrollo científico en el campo de la medicina forense o médico-legal
se puede establecer la condición de alcohólico de un individuo de
forma objetiva mediante una serie de técnicas de carácter químico.
Estos biomarcadores de alcoholismo se han dividido tradicionalmente en tres clases:
marcadores agudos o de reincidencia, de estado y de consumo peligroso y de rasgo.
De sus características, usos y combinaciones ha hablado Secundino Vicente González, profesor del Área de Medicina Legal de la Universidad de Salamanca, en el XV Simposio de la Sociedad Española de Psiquiatría Forense celebrado en esta ciudad.
Consumo diferido
Dentro de los marcadores que proporcionan información acerca de la ingesta a corto plazo de alcohol etílico (agudos o de reincidencia), Vicente señaló que el etanol 5 hidroxitriptofol es el más interesante porque establece el consumo de bebidas alcohólicas en un sujeto incluso cuando ya han desaparecido de su organismo. En el segundo grupo, la transferrina deficiente en carbohidratos es el mejor indicador individualmente considerado. Se trata de una proteína transportadora de hierro y tiene varias formas de presentarse dependiendo de si existe un consumo elevado de alcohol etílico o no. Por último, se encuentran los marcadores de rasgo, aquellas pruebas bioquímicas que "permiten establecer la predisposición genética de un individuo de llegar a ser alcohólico crónico cuando hay abuso de estas sustancias".
A pesar de la información que aportan los biomarcadores de estado, Vicente ha destacado el problema que se les plantea cuando se quiere hacer uso de estos indicadores con una finalidad médico-forense: ¿se utilizan de forma única o conjunta? Para responder a esta pregunta es importante tener en cuenta su especificidad y su sensibilidad.
Cuatro marcadores
De los estudios realizados para conocer estas dos características de los indicadores, el ponente ha destacado el trabajo realizado por el profesor Bernd Brinkmann, de la Universidad alemana de Munster, en el año 2000. Su equipo analizó la sangre de 341 individuos, una muestra dividida entre una población alcohólica y otra que no lo era, y asoció cuatro marcadores de alcoholismo crónico: metanol, la suma de acetona y 2-propanol, gamma glutamiltransferasa y la transferrina deficiente en carbohidratos. Sus investigaciones dieron como resultado lo que denominaron Alc-index, un índice de 1,7 que marca si una persona es consumidora crónica de alcohol o no. "Estos autores se dieron cuenta de que todos los individuos no alcohólicos tenían un Alc-Index por debajo de 1,7 y que solamente unos pocos alcohólicos tenían el índice inferior a este valor".
Se trata de un test con especificidad del cien por cien, ya que todas las personas no alcohólicas eran correctamente diagnosticadas y con una sensibilidad del 93 por ciento, pues sólo el 7 por ciento de los alcohólicos se diagnosticaron erróneamente.
De esta manera,
Vicente ha apuntado que, tras los resultados obtenidos por el trabajo del equipo
de Brinkmann, "podemos establecer que no existe un marcador ideal para determinar
el alcoholismo y que la combinación de varios marcadores para obtener el
Alc-Index mejora la especificidad y la sensibilidad de las pruebas bioquímicas".
Fuente: Diario Medico